Sentimiento de avaricia

La avaricia rompe el saco y tu armonía también

La palabra avaricia la escuchamos a menudo. A veces, en un famoso refrán como el que dice que la avaricia rompe el saco. Otras veces, la escuchamos en una lista de pecados, a los que llamamos capitales y que forman parte de la religión católica. Y es que, todo parece indicar que la avaricia no es algo muy beneficioso, pero ¿qué sabemos acerca de la avaricia?

Qué es y porqué sentimos avaricia

Todos hemos sido avariciosos en algún momento, y es que, se trata de ese sentimiento negativo que produce un deseo irrefrenable de poseer riquezas, sea de la naturaleza que sean. El caso es que el ser humano tiende a no conformarse y a desear siempre más. Esto no resulta extraño cuando estamos en esta vida para mejorar, sin embargo, cuando nos obsesionamos con este afán de tener, puede que nos lleve a un problema con la avaricia.

Cuando caemos en las redes de un pecado capital como es la avaricia, perdemos el sentido de las cosas. No logramos distinguir bien la realidad, la cual, tras la sombra de la obsesión de riqueza, se va disipando cada vez más. Y es que, uno de los problemas de la avaricia es que, cuanto más atesoras, más te cuesta parar. Por eso, la avaricia también está relacionada con el orgullo en la medida que ambos se convierten en un vicio.

Para entender porqué sentimos avaricia, podemos atribuirlo al miedo. Las personas tenemos miedo de quedarnos sin algo que necesitemos, nos aterra sufrir en el futuro. Por eso, nos dedicamos a acumular bienes para estar protegidos. De esta forma, el miedo se convierte en una obsesión de tenerlo todo bajo control y atesorar nuestras riquezas se torna nuestro único objetivo.

Qué consecuencias tiene la avaricia

No hace falta irse muy lejos para entender las consecuencias que tiene la avaricia. De hecho, este ha sido uno de los grandes males de la humanidad, muy presente en sociedades de todos los tiempos. Hoy en día, podemos ver cómo la avaricia nos ha llevado a tratar mal a nuestro planeta, destruyendo hasta el lugar que nos acoge, cargándonos nuestra casa. Es decir, todo lo contrario a la generosidad y al desinterés.

Otro ejemplo lo vemos en la ludopatía. El deseo de tener más y más dinero puede llevarnos a hacernos adictos al juego en nuestro afán por poseer. De esta forma, la avaricia puede destruir vidas, arrebatar familias e incluso hundirnos en la miseria. Un escenario donde vendría de lujo decir que, la avaricia rompe el saco.

Por otra parte, el no conformarse con nada, el afán por conseguir cada vez más y la falta de control de nuestro deseo de tener, puede llevar a un trastorno del estado de ánimo como una depresión, por no conseguir todo aquello que queremos, porque para el avaricioso nunca será suficiente. La ansiedad y el estrés, también serán parte importante de la vida de quien padece esta avaricia obsesiva. Así, podemos decir que la avaricia tiene graves consecuencias en la salud de la persona, tanto a nivel físico como a nivel emocional.

La avaricia y la codicia no son lo mismo

Aunque son conceptos que parecen sinónimos y que, muy a menudo se utilizan para referirse a lo mismo, lo cierto es que avaricia y codicia son cosas diferentes, y te explicamos exactamente el porqué.

Por una parte, hablamos de avaricia como ese deseo irrefrenable de acumular riquezas para atesorar. En otro sentido, la codicia se define como el afán excesivo de riquezas. Analizando las dos definiciones, parecen similares, pero existe un punto en el que podemos diferenciarlas.

El caso es que, el avaricioso desea acumular las riquezas para atesorarlas, en cambio el codicioso, pretende disfrutar de ellas. Por eso, la diferencia principal es el miedo del que hablábamos antes. El miedo al futuro, el miedo a necesitar, el miedo a no tener.... esa ansiedad que te genera el sentirte desprotegido. Un sentimiento que todos tenemos en algún momento, pero si nos dejamos llevar por él, podemos caer en una obsesión.

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Mamen Palanca

Mamen Palanca

Licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad CEU Cardenal Herrera. Amplia experiencia en el campo de la redacción de artículos y reportajes de diferentes temáticas, destacando la psicología. Por este motivo, actualmente continúa su formación académica cursando los estudios de Grado en Psicología por la UNED, motivo por el cuál es una apasionada del campo de desarrollo personal y la gestión emocional.

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