Por qué sí tenemos derechos a indignarnos, enfadarnos y protestar

Quizá no sea la expresión de tus sentimientos mejor valorada socialmente, pero la indignación es un derecho como cualquier otro, y todos deberíamos tener la posibilidad de expresar y manifestar ese enfado y esa indignación cuando sentimos que algo no es justo con nosotros. Es más, indignarte de vez en cuando ante las situaciones que te produzcan ira y enojo y protestar antes las injusticias es algo muy beneficioso para tu salud. Por eso vamos a descubrir los beneficios que tiene indignarse.

Las ventajas de indignarse y enfadarse

Aunque en ocasiones el sentimiento de indignación se apodere de nosotros, dominándonos y llevándonos al uso de la violencia lo habitual es que al enfadarnos se reduzca la violencia. Aunque parezca contradictorio -de hecho, lo es- si se considera la indignación como una fase del enfado, este proceso suele ser el paso previo a la violencia física, pero también una señal que nos invita a resolver rápidamente la situación. Por eso, cuando el resto de la gente ve que nos hemos enfadado es más fácil que responda a la señal intentando poner paz y buscando una solución a la situación antes de que llegue la violencia.

Más allá de una señal social, desde el punto de vista individual la indignación, el enfado y la prostesta son elementos que motivan a un mismo a convertir ese enfado en energía positiva. Puede ser el estímulo necesario para seguir avanzando hacia nuestros objetivos, sin tener en cuenta los problemas que nos podamos encontrar. Así, el hecho de indignarte hará que desees todavía más ese algo, de forma que una indignación constructiva y bien canalizada te puede convertir en alguien más fuerte, que cumple con sus metas.


Por una razón similar, las personas que se enfadan con cierta regularidad también suelen mostrarse más optimistas que esa gente que parece no saber enfadarse. Quizá sea porque al canalizar nuestro enfado para la consecución de unos objetivos determinados es más fácil conseguirnos, lo que nos da un mayor nivel de felicidad, muchas veces asociada al optimismo; pero la estrecha relación entre la indignación y el optimismo es uno de los muchos misterios por descifrar del ser humano.

Otra de las ventajas del hecho de indignarte y enfadarte es que te puede ayudar a descubrir nuevas cosas de ti mismo. Puede ser el punto de inflexión que te haga cambiar algunas cosas de tu vida, siempre que sepas por qué te has enfadado. Es otra del beneficio del enfado positivo, igual que no ocultar la indignación en las relaciones más cerradas y protestar ante las injusticias. Es más, al igual que sucede cuando las emociones son reprimidas, el hecho de reprimir esa indignación no refuerza la relación, todo lo contrario: se debilita poco a poco debido a la falta de confianza que transmite, pudiendo ser letal.

El enfado en positivo

Pero transformar esa indignación y canalizar el enfado en algo positivo no es fácil. Recuerda que la indignación se produce ante la actitud de alguien, así que para canalizarla en algo positivo será imprescindible que la persona que provocó el enfado esté delante nuestro. Lógicamente, necesitarás unos motivos justificados para indignarte, y tu enfado deberá ser proporcional al problema causado. No hay que hacer grandes dramas de las pequeñas cosas.

Finalmente, la última condición -pero no por eso la menos importante- es que esa indignación y esa protesta sean tu primer paso a la hora de buscar soluciones al problema, nunca una forma de desfogarte o dejar que la ira invada tu mente y la rabia se apodere de la situación. Si lloramos, que sea para buscar una solución, no para quedarnos a gusto, ya que un enfado mal gestionado puede ser muy perjudicial para tus relaciones sociales.

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