El asco es una emoción negativa

El asco: una emoción que te sorprenderá

Hoy es un día especial, vas a comer a casa de tus suegros. Llevas toda la semana preparándote para tal momento. Llegas a la casa y todo va bien, pero cuando sirven la cena puedes ver que hay un alimento maloliente en tu plato.  No puedes comer, tienes ganas de vomitar, estás sintiendo asco. Se trata de una situación complicada y seguramente algo embarazosa. El caso es que, el asco es una emoción primaria, por la cual sentimos aversión hacia ciertos alimentos, animales, circunstancias o cosas. Por ello, nuestra respuesta ante esta emoción se interpreta como un estímulo del que debemos alejarnos, porque consideramos incluso que nos puede perjudicar.

¿Qué es el asco?

Cuando hablamos de asco nos referimos a una emoción primaria. Se trata del grupo de las emociones más básicas junto con la alegría, la tristeza, la ira y el miedo. Es una emoción negativa que, como todas las demás, el asco es una emoción adaptativa, y nos ayuda a sobrevivir en el sistema. Y es que, cada emoción tiene su función. La función del asco es protegernos de sustancias y circunstancias que pueden resultar perjudiciales para nosotros mismos. Además, también vela por el contagio de enfermedades, por lo que cuando recibimos estímulos que amenazan con peligrosidad, sentimos asco.

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Cuando sentimos asco hay varias cosas que pasan por todo nuestro ser. En primer lugar, cognitivamente estamos catalogando un estímulo como amenazante. La amenaza puede ser por ejemplo que nos contamine o que nos provoque una enfermedad. Y es que nuestros pensamientos influyen en nuestras emociones mucho más de lo que creemos. Por otra parte, y por lo que respecta al nivel fisiológico, podemos sentir náuseas, vómitos o mareos que nos llevan a salir huyendo y alejarnos del estímulo. Y esto indica que, nuestra conducta será de aversión, de rechazo hacia lo que nos ha provocado el asco.

¿Por qué sentimos asco?

Como hemos dicho, la principal razón de sentir asco es proteger a nuestro organismo de sustancias nocivas. Se trata de una emoción preparada para que si, vas a ingerir algo venenoso te alerte, de forma que nos aparte de ese alimento en cuestión.

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También sentimos asco antes cosas como descomposiciones, que nos provocan una aversión por el miedo a sufrir contagios de enfermedades. En esta línea se puede situar también, el asco por los animales pequeños. Hoy en día, la emoción del asco se ha generalizado en nuestra sociedad, y es que, por la evolución, hemos adquirido nuevas respuestas hacia nuevos estímulos. Además, muchas veces hemos hablado de lo que podemos sufrir si reprimimos nuestras emociones, sin embargo ésta es una de las emociones menos ocultadas. Pero, también es cierto que la sociedad cambia, y las emociones también se adaptan.

Ejemplos de emociones negativas y su significado

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En un principio, el asco iba asociado a alimentos o líquidos que al ser ingeridos causaban aversión. Por la influencia cultural y social se amplió a las excreciones corporales y a los animales. Hoy, podemos sentir asco de cualquier estímulo. De hecho, hay quien siente asco por algún compañero sexual, por una persona o por un comportamiento. Y es que, la adaptación es tan amplia que hoy podemos sentir asco de prácticamente cualquier cosa. Por todo ello, si lo que queremos es evitar conductas como estas es importante educar en emociones a los niños, tener la conciencia plena y poder disfrutar de nuestro entorno con comodidad.

¿Puede tener beneficios sentir asco?

Por supuesto, el sentir asco tiene ciertos beneficios. Y es que, como emoción primaria y adaptativa que es, sentir asco nos protege de las sustancias nocivas. Gracias a esta emoción, nos protegemos de contactos que podrían causarnos enfermedades y desarrollamos un comportamiento higiénico.

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Sin el asco, enfermedades como el sarampión, la tuberculosis o la malaria, por ejemplo, causarían mucha más mortalidad. Y es que, algo tan sencillo como lavarnos las manos, surge de la emoción del asco. Sin embargo, una reacción exagerada del asco, puede producir ciertas fobias que no serían nada beneficiosas. De aquí, surgen fobias tan frecuentes como a las arañas, las serpientes u otro tipo de animales pequeños. Las fobias son reacciones que no resultan útiles y tratarlas es la mejor opción.

Mamen Palanca

Licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad CEU Cardenal Herrera. Amplia experiencia en el campo de la redacción de artículos y reportajes de diferentes temáticas, destacando la psicología. Por este motivo, actualmente continúa su formación académica cursando los estudios de Grado en Psicología por la UNED, motivo por el cuál es una apasionada del campo de desarrollo personal y la gestión emocional.

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