Consejos para evitar los enfados

4 consejos para expresar un enfado sin sufrir demasiado

Aunque a nadie le gusta enfadarse, lo cierto es que todos lo hacemos, e incluso muchos nos enfadamos todos los días. Hay personas que se enfadan más que otras, y hay quienes incluso proyectan su enfado con el universo, con el hombre del tiempo o lo que es más habitual, con ellos mismos.

El caso es que, sentirnos enfadados y saber por qué lo estamos, puede ayudarnos a superar esa amarga sensación que se siente cuando nos encontramos en ese estado. Pero lo más importante es que, si nos enfadamos con alguien que nos importa, expresarlo de forma correcta, puede ayudarnos, no solo a sentirnos mejor, sino también a tener una mejor relación con esa persona.

¿Cuál es la forma correcta de expresar un enfado?

Como ya hemos dicho a nadie le gusta enfadarse, sin embargo, se trata de una emoción necesaria, que nos ayuda a canalizar nuestros sentimientos y a darnos el derecho que necesitamos. Enfadarse no es agradable, pero si no lo hacemos, a veces perdemos el amor propio. Por eso, es importante que nos enfademos, pero de forma saludable, y para hacerlo de forma correcta, lo mejor es que aprendamos a expresar de la mejor manera, un enfado. Te contamos cómo en las siguientes líneas:

Define cómo ha sucedido todo y qué te ha producido ese dolor

Cuando notamos que se ha producido una situación de injusta, enfadarse no es solo un hecho justificado, sino que además, es también de lo más recomendable. Sin embargo, no podemos limitarnos a despotricar sin sentido, pues para que el enfado tenga algo más de sentido, lo mejor será que definamos bien qué nos pasa y por qué.

No se trata solo de que los demás nos entiendan, sino que en un primer paso, deberemos entendernos nosotros mismos. Por eso, es importante que cuando nos enfademos entendamos qué ha pasado, es decir, intentar comprender qué situación ha desencadenado nuestra ira y por qué. De esta forma, podremos gestionar nuestras emociones y actuar de la mejor manera posible.

No ocultes tus sentimientos y valida tus emociones

Una cosa es no enfadarse y otra ocultar que lo estás. Hemos de aprender que no pasa nada por sentir lo que sentimos, es más, tenemos que aceptarlo y no juzgarnos por ello, ya que, solo de esta forma conseguiremos llevar nuestro enfado de un modo saludable y práctico. Si queremos negar que estamos enfadados, poco a poco, esos sentimientos saldrán por otra parte, que seguramente será mucho peor.

Una vez nos aceptemos a nosotros mismos, podremos expresar a los demás de la mejor manera cómo nos hemos sentido y por qué. Puede que pienses que es una tontería o que no, que deberías haberte enfadado más o menos, pero lo cierto es que lo único que vale es cómo te sientes, así que valida tus emociones y no ocultes tus sentimientos y valórate. El enfado tiene sus correspondientes fases, pero para poder avanzar, esta es imprescindible.

La importancia de elegir el lenguaje que empleamos

Cuando una persona está enfadada se siente herida y dolida. En su mente está la idea de que se ha producido una injusticia y en este momento tiene más disposición a hacer daño a los demás, ya que ella está sufriendo. Si nos dejamos llevar por la ira y la agresividad, no conseguiremos que la otra persona entienda el motivo de nuestro enfado, por lo que, buscar un lenguaje adecuado y practicar la asertividad, que en todo momento haga referencia a cómo nos hemos sentido, sin hacer hincapié en todo lo mal que lo ha hecho el otro, nos ayudará a expresar un enfado de la manera correcta.

No te olvides de la empatía

La injusticia provoca un estado en nosotros que nos lleva a enfadarnos y en muchos sentidos a sacarnos de nuestras casillas. Sin embargo, si analizamos la situación, puede que lleguemos a entender cómo ha actuado la otra persona y por qué lo ha hecho. Por eso, es importante que nos pongamos en los zapatos del otro y practiquemos la empatía para intentar entender mejor no solo el motivo de nuestro enfado, sino también el suyo.

Gracias a la empatía, podremos encontrar un diálogo que nos permita entendernos con la otra persona, apreciar la emoción y encontrar el respeto, tanto para nosotros mismos como para el otro.

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